Son las 5:00 de la mañana y Lourdes Erlinda Padilla MartÃnez ya está puesta en pie. En el refugio en que vive no hay espacio ni siquiera para caminar.
e acaricia su abultado vientre de ocho meses de embarazo y observa a sus dos hijos que duermen plácidamente sobre un pedazo de colchón. En unas horas ellos despertarán y en la cocina que más bien es un barril con tres piedras y una olla vacÃa, no hay nada para llevarse a la boca.
Se asoma a la puerta y lanza un suspiro... su esperanza está al otro lado del contaminado rÃo Choluteca que esa mañana ha subido su nivel.
Es el peligro contra el hambre de sus hijos, y sin pensarlo dos veces, desafÃa las inseguras aguas para ir por unos cuantos vÃveres que le regalan en una iglesia católica de la colonia San José del Pedregal.
Son unos 75 metros de corriente que tiene que atravesar para conseguir el pan de cada dÃa para sus hijos Héctor Armando, de 9 años y Reyna Suyapa, de 4.
Las lluvias que han caÃdo en los últimos dÃas sobre la capital, han incrementado el peligro al que se expone, debido a las constantes crecidas del afluente.
En la mayorÃa de las ocasiones, lleva consigo a su hija menor para no dejarla sola en casa, exponiéndose a ser arrastrada como le sucedió hace más de una semana que estuvo a punto de perder la vida junto a su pequeña. "La necesidad me obliga a arriesgar la vida todos los dÃas, yo no trabajo y con lo que gana mi esposo no alcanza para poder comer los tres tiempos, mas que todo lo hago por mis hijos", relata Lourdes. Ella no es la única que expone su vida en esas circunstancias, otras mujeres también hacen lo mismo, orilladas por la pobreza y el desempleo que les agobia al igual que miles de hondureños que viven en la miseria.
La aventura
Con los pies descalzos, ella y sus pequeños, realizan un largo recorrido hasta una covacha construida de madera y adobes en la que habitan junto a su compañero de hogar José Santos Osorto, en la marginal colonia Nora Gúnera de Melgar, situada en la ribera del RÃo Choluteca, al oriente de la colonia Las Brisas.
Su marido es un jornalero que a diario sale a trabajar de ayudante de albañilerÃa para llevar unos pocos lempiras a la vivienda. Ella una ama de casa que se dedica al cuidado de sus hijos y a cuidarse por la criatura que espera.
Debido a su situación económica Lourdes utiliza muy pocas veces el transporte urbano, pues si consigue para el pasaje de ida, el regreso tiene que hacerlo a pie, porque no tiene los tres lempiras con cincuenta centavos para poder pagar al regreso.
Sacrificio
"Los pobres nos vivimos sorteando la vida, esperando porque alguien nos ayude y asà vamos pasando... ir al otro lado del rÃo más que miedo nos da alegrÃa porque sabemos que el padre nos da algo para comer", relata.
La provisión consta de una libra de frijoles y arroz, una libra de manteca y una bolsita de salsa. Este es el sustento de la familia de dos a tres dÃas.
Recientemente, mientras cruzaba el rió, Lourdes y sus hijos estuvieron a punto de ser arrastrados por la corriente, "mi hijo mayor se me soltó de la mano, yo iba cargando a la niña, pero él se pudo agrarrar de unas ramas y gracias a Dios nos salvamos... sólo perdimos la comida de ese dÃa...", narra.
Su sufrimiento, no sólo es por falta de dinero y comida. A raÃz de las fuertes lluvias que han azotado a la capital se cayó una pared de su pequeño refugio y no encuentran la forma de poder levantarla, porque no cuentan con el dinero necesario para poder comprar los materiales de construcción.
En un aserradero de la colonia San José de la Vega ofrecieron venderle una madera por 1,500 lempiras, "la verdad es que no tenemos como poder comprar unos pedazos de madera para hacer la reparación, asà que no se que va a suceder más adelante con nosotros...".
La plática concluye, "ojalá que alguna persona pueda ayudarnos, esa es la esperanza con la que me acuesto y me levanto, pero estoy a punto de dar a luz y no se como vamos a sobrevivir con mis hijos cuando ya no pueda cruzar al otro lado del rÃo."
