Honduras
."Mi nombre es José, pido posada por esta noche para la Reina del Cielo"... Entren Santos Peregrinos, reciban este rincón, aunque es pobre la morada, os la doy de corazón..."
Este coro que acompaña a los cansados peregrinos que recorren las calles de la colonia Sagastume en busca de una posada, forma parte de una hermosa tradición de Navidad que se niega a desaparecer en la capital.
Mientras los vecinos entonan estos cantos, Alba Antonia Rivas, recuerda cuando acompañaba a su madre y a su abuela en este camino evangelizador.
En ese tiempo, tenÃa apenas 12 años de edad, desde ese entonces, la posada es una tradición que no puede perderse y que se ha encargado de transmitir a sus hijas y nietas.
El trayecto que siguen José y MarÃa hasta encontrar una digna morada para que pueda nacer el Salvador del Mundo, es acompañado de cánticos navideños.
Alba Antonia, se suma con júbilo a estas actividades, y con alegrÃa entra a la vivienda de Nidia Solórzano, responsable de la posada.
Junto con otros feligreses participa del rezo de las Posadas, la lectura del Santo Evangelio, el Salmo y más villancicos navideños.
Asà vive esta capitalina las tradicionales posadas, un tiempo litúrgico que comprende del 16 al 24 de diciembre y que recrea el recorrido que siguieron el carpintero José y la Virgen MarÃa.
Tradición catracha
Si bien las Posadas tienen su origen en México, esta fiesta popular religiosa se ha vuelto catracha desde hace años.
En la capital, diversos sectores participan de este tiempo de Pascua, al que se le ha denominado el "Camino de la esperanza".
El verdadero sentido de esta actividad es evangelizar a las futuras generaciones, basándose en el pasaje bÃblico de San Mateo que habla del recorrido que realizaron José y MarÃa en busca de una posada digna donde naciera el Niño Jesús.
Además, que el Nacimiento del Salvador del Mundo es el acontecimiento más grande que registra la historia y continúa siendo la buena noticia que espera la humanidad.
Asà como los ángeles les revelaron a los pastores esta buena nueva, las Posadas transmiten este mensaje de esperanza, que invita a vivir con entusiasmo la Navidad.
Una de las colonias capitalinas que celebra las Posadas es la colonia Sagastume.
Desde que el frÃo mes de diciembre hace su arribo, los grupos de la comunidad se preparan para participar de esta fiesta religiosa.
Todos los grupos se suman para realizar este evento singular.
"Estas son fechas que lo animan a uno a participar en el recorrido de nuestra madre MarÃa y de San José, aunque la verdadera posada que uno debe darles está en nuestro corazón", manifestó. Simeón Erasmo Raudales, quien también se encarga de animar el recorrido acompañando los cánticos al son de su vieja guitarra.
Algo que destaca significativamente en esta celebración es que los personajes de los Peregrinos son representados por niños de la comunidad.
Franklin Gustavo Zúniga, personifica a José, el carpintero, el padre adoptivo de Jesús. Rosa Borjas, una vivaracha jovencita hace el papel de la Virgen MarÃa, la elegida y amada por Dios, quien tiene el privilegio de llevar en sus entrañas al Salvador de la Humanidad.
"Esto es algo que me gusta mucho, MarÃa es nuestra madre y me gusta participar de las Posadas porque uno aprende de la palabra de Dios", dijo Rosa Borjas.
Otro aspecto relevante de las posadas es la tradición de compartir, en la casa donde los Peregrinos llegan a hospedarse, se hace fiesta, es la fiesta de la esperanza por la celebración de otra Navidad que trae regocijo espiritual.
Y es que la historia que el evangelio de Mateo relata dice que vienen desde lejos para cumplir con el edicto del Emperador. Traen, como único ajuar, un burro y una alforja con las cosas necesarias. Son descendientes de David -¡quién lo dirÃa!-, y se confunden entre la gente.
Ella, sobre su montura, es MarÃa. José va a pie, delante del burro, abriéndose paso como puede, entre la apretada multitud. AhÃ, entre la muchedumbre, llena de colorido y de gritos, cabalga la reina del cielo. Nadie se fija en ella. En la Sagastume tiene rostro de niña, pero lleva impreso el deseo de estos capitalinos de recrear con amor el momento más maravilloso de la historia de la humanidad.
