Serie 4/4
Jueves 02 de febrero de 2012

Alarmante violación a normas de buceo en La Mosquitia

12:52 am  - Redacción 

Pescadores indígenas aceptan abusos de los capitanes de los barcos por necesidad. En oportunidades consumen droga para resistir inmersiones en busca de langosta.

Gracia a Dios,

Honduras

Los barcos langosteros atiborran sus "panzas" de buzos misquitos todos los años en busca de mariscos. Desesperados por dinero, los indígenas no tienen tiempo de renegar cuando se trata de negociar sus contratos de trabajo.

La temporada de pesca dura de julio a marzo y siempre esta aventura deja saldos mortales por las violaciones a la normas de buceo que se cometen, algunas producto de la explotación de parte del capitán del barco y en otras oportunidades por la imprudencia del submarino que rompe las reglas mínimas de seguridad.

Los buzos hacen inmersiones diarias de cinco horas y en oportunidades el capitán del barco los obliga a bajar hasta los 140 pies de profundidad (40 metros) para buscar el producto, cuando lo máximo permitido según las normas elementales de buceo Scuba son 90 pies (25 metros).

La escasez de langostas hace que los capitanes ordenen al submarinista descender a límites peligrosos. Cuando se baja a ese nivel crítico el cuerpo experimenta lo que se conoce como narcosis de nitrógeno, que consiste en una intoxicación similar a la producida por la inhalación de óxido de nitrógeno o bebidas alcohólicas.

También este fenómeno conocido como el "mal del buzo" puede generar erupciones en la piel, dolores de cabeza, parálisis parcial permanente o incluso la muerte.

"Solo este año (temporada de junio 2011 a marzo 2012) llevamos 10 muertos, siempre pasa eso y no podemos hacer nada", dijo Erasmo Granuel, coordinador de la Asociación de Buzos Lisiados de Honduras (Amblih).

Los capitanes, asimismo, hacen promesas a los buzos para que el que más logre pescar tenga "privilegios" en el barco, como el hecho de que tenga cama para él solo, mejor alimentación y algunos regalos. Las embarcaciones llevan a bordo unos 80 buzos, lo que hace que la capacidad de la nave sea sobrepasada, pues solo tiene para unos 50, lo que representa que muchos pescadores tengan que dormir fuera de los camarotes.

Los contratos de trabajo que firman los buzos tienen una duración de doce días y establecen algunas disposiciones que garantizan atención médica a los buzos en casos de accidentes laborales, pero no se cumplen.

"En caso de que el trabajador sufriera alguna enfermedad mientras la nave esté en viaje, tendrá derecho a ser atendido por cuenta del patrón tanto a bordo como en tierra, con goce de sueldo, y una vez curado, a ser recontratado", dice una de las cláusulas de uno de los contratos.

Este compromiso de trabajo no dice nada cuando la enfermedad del buzo ocasiona algún incidente de trabajo, por lo que si el trabajador resulta con lesiones para toda la vida no tendrá cómo pagar los gastos de sus tratamientos.

Existen casos en que los capitanes de los barcos pasan los límites marítimos nacionales y se internan en aguas internacionales y hasta en zonas de otros países, lo que pone en riesgo de ser capturados a los buzos misquitos.

Existen unos 3,500 buzos misquitos que todas las temporadas de pesca salen a bucear y otra cantidad similar de cayuqueros que se encargan de llevar a los pescadores en sus pequeñas embarcaciones hacia los bancos de langostas para que se sumerjan.

También hay otros tres mil misquitos conocidos como "sacabuzos", que se dedican a buscar buzos en la zona para llevárselos a los capitanes para que trabajen. Según los relatos de los buzos, los capitanes les ofrecen marihuana con el pretexto de que les ayuda a tener mayor resistencia.

 Engaño

A cada libra de langosta se le extrae el 5 por ciento de agua, por lo que si un buceador captura 100 libras del animal, solo se le cancela el equivalente a 95 libras. El precio de las 100 libras es 50 lempiras, pero de esos debe darle 15 lempiras al cayuquero. El que más se arriesga es el que menos dinero percibe, ya que las embarcaciones de 50 a 60 pies de largo logran pescar unas 10 mil libras de langosta en las dos semanas que dura su faena, desde que sale del puerto hasta que regresa.

Las embarcaciones ubicadas en La Ceiba e Islas de la Bahía pagan unos 250 lempiras por libra de langosta, de los que un 30 por ciento es para el capitán del barco. De este dinero el capitán paga el salario al resto de la tripulación.

El segundo capitán gana 200 lempiras por caja (de 100 libras cada una), el pescador recibe 170 y el compresionista 100 por caja, entre otros miembros de la embarcación.

El abuso contra los buzos pasa del mar a la tierra. El pago por la pesca se hace hasta que la empacadora cancela el producto. Mientras el buceador espera su dinero, el cayuquero le presta dinero a un 20 por ciento de interés para que pueda comprar el sustento de su hogar.

 Termina la pesca

En marzo de 2013 se aplicará una veda permanente para la pesca por buceo en Centroamérica. Por un lado representa una medida tajante para frenar las muertes de buzos, pero por otro genera angustia entre la población misquita, ya que ese rubro implica un 75 por ciento de la economía de la zona. "Si cierran el buceo por tanque no nos da el gobierno una alternativa, otra fuente de trabajo, y ese es el gran problema que tenemos ahora", dijo Oswaldo Echeverría, presidente de la Asociación Protectora de Buzos Activos de Gracias a Dios Honduras (Apbgadh).

Admitió estar consciente de que la pesca submarina de langosta es riesgosa, al punto de que siempre hay muertes, pero "qué podemos hacer si no hay otra en la que trabajar".

"Nos deben decir dejen ese trabajo, pero tomen este otro", remarcó.

Por su lado, Aurelio Kirinton, asesor de la Amblih, solicitó al gobierno hacer reordenamiento de la plataforma marítima para establecer nuevos programas de pesca artesanal. "Es necesario cambiar la metodología de pesca, ha pasado mucho tiempo con muertes y abusos y no se hace nada", lamentó.

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