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La Virgen de Suyapa cuida a los hondureños que residen en Montreal
02:33 pm - Mario Cerna
El padre Fernando Ferrera, hondureño, solicitó una réplica de la patrona de Honduras para que iluminara e hiciera milagros a los compatriotas que se congregan en la Iglesia Misión Católica Latinoamericana de esta ciudad. Los catrachos nos contaron los milagros de la virgen.
Canadá
En la manga derecha de la camiseta de Dennis Suazo está bordada la bandera de Canadá, en su rostro todavía hay rastros de la cruz dibujada con su mano al momento de persignarse y en su corazón está la sangre catracha que recorre todas sus venas.
Dennis se inclina, cierra sus ojos, eleva una plegaria y se persigna de nuevo. Está parado frente a la réplica de la Virgen de Suyapa en la Iglesia Misión Católica Latinoamericana de esta ciudad.
“Le agradezco por sus bendiciones y le estoy pidiendo un milagro para mi mamá que está pasando un problema de cáncer... Ya la virgen me permitió mantener mi propio negocio y salir adelante con mi familia, hoy le pido por mi madre”, responde Dennis cuando se le pregunta la razón de la reverencia.
Este hondureño cuenta, mientras toma su rosario colgado en el pecho, que vive hace 25 años en Canadá.
“Ya tengo muchos años de vivir en Canadá y hace poco comencé con una fábrica de tortillas, es pequeña, pero tengo mucho trabajo... vendo bastante, la comunidad latina compra mucha tortilla y me va bien en el negocio... eso es gracias al milagro de la Virgen y a mi dedicación y esfuerzo”, afirma.
El negocio de Dennis se llama Tortillería La Morena. Su esposa, Lisbeth Hernández, apoya en el local, ella es copropietaria.
“Nosotros venimos todos los domingos a escuchar la palabra a la iglesia, le agradecemos a Dios y a la Virgen por lo bueno que son con nosotros...”, cuenta Dennis, que abastece a unos cinco cadenas de supermercados en Montreal.
Padre catracho
El padre Fernando Ferrera interviene y asegura los agradecidos con la Virgen de Suyapa son muchos.
El padre Fernando, que también es hondureño, fue el que en esencia gestionó que la réplica de la Virgen estuviera en esa misión.
“Fue una idea de toda la comunidad, vimos que había mucha gente hondureña que se congregaba en la iglesia, se hicieron las consultas y se logró traerla”, relata.
La gente siempre viene a rezarle, siempre están pendientes de que se mantenga una vela encendida y le dejan flores todos los domingos, amplía el padre. Este padre hondureño es misionero claretiano y es originario de San Pedro Sula.
Vive en esta ciudad hace 13 años y es párroco de esta iglesia hace diez.
Cuenta que al ser misionero claretiano debe tener la disposición de servir a Dios donde lo llamen y en ese sentido la misión lo llevó a Montreal.
En su fortuna estaba ser, en esta iglesia, ser líder de una comunidad hondureña radicada en este país.
“La idea de la misión es que yo trabaje de cerca con los inmigrantes y aquí me he encontrado con una pequeña pero bella comunidad de inmigrantes que me ha acogido muy bien”.
La obra de este padre consiste en propiciar los espacios para que todos los latinos, incluyendo los hondureños, pueda celebrar sus ceremonias religiosas en español, para que se sientan acogidos en este país.
“Yo he querido también que los latinos se encarrilen, se incorporen a esta nueva sociedad”. dijo.
“Los inmigrantes hondureñas viven situaciones difíciles, se dan discriminaciones, se da que los trabajos a veces no son bien remunerados, hemos estado vigilantes de que los trabajadores agrícolas no sean explotados, sin embargo, tienen mejor salario que en Honduras”, respondió el padre cuando se le consultó sobre los principales problemas que enfrentan los catrachos.
Mensaje para Honduras
El día que EL HERALDO se encontró con el padre, este auspiciaba una misa en conmemoración del Día del Padre que se celebra en Canadá.
El padre llamó a todos los jefes de hogar a ser como una semilla que madura y da frutos, en este caso con sus hijos.
Ferrera dijo que ese mensaje también lo comparte con todos los hondureños en Honduras, en especial por los altos índices de desintegración familiar que se registran en el país.
“Estoy seguro de que eso es lo que quiere nuestra Virgen de Suyapa, que el país mejore, que todos los hondureños vivamos en paz, que ya no nos matemos”.
Recuerda que San Pedro Sula en los inicios de los 90 tenía “un ambiente muy sano, muy lleno de valores, eso es lo que recuerdo, yo sé que la situación ha cambiado mucho y como inmigrantes tenemos que aceptar la realidad de nuestros países y quererlos sea como sea”.
El padre Fernando termina la misa al filo de las 3:00 de la tarde y se excusa con EL HERALDO porque tiene que ir a quitarse la sotana.
Los hondureños se van acercando poco a poco al estrado donde yace la réplica de la Virgen.
Unos encienden velas, otros se persignan, pero todos buscan lo mismo en la patrona de Suyapa: su bendición y protección.
Doña Vilma Elvir es la última en acercarse al altar. Toma una rama de incienso, le prende fuego y con ella enciende una de las velas que se encuentran en el pedestal del altar de la Virgen.
Vestida de blanco, con sus gafas colgadas en el primer botón que sujeta su camisa tipo cuballera, sonríe y comienza a contar su historia. “Me vine hace más de 20 años, todos mis hijos han crecido y ahora me dedico a cuidar a mis nietos”.
Se confiesa una fiel devota de la Virgen. “Lo único que le he pedido a la Virgen es salud para mí, mis hijos y mis nietos”.
Interviene Leonor Cardona, otra hondureña, un poco más risueña y extrovertida que doña Vilma, que reside en Ottawa desde hace un par de años.
“Llegué a Canadá en la década de los 90, vine a trabajar en la embajada de Honduras en este país, me quedé y me casé, tuve hijos y desde entonces no he dejado de ser feliz, con ciertos problemas, pero feliz”, dice.
A medida transcurre el tiempo, la Iglesia se va quedando vacía. Algunos de los hondureños se disponen a compartir y almorzar en el sótano de la iglesia, donde se degusta todo tipo de comida latina (a excepción de la hondureña).
Solo los hondureños aguardan en el recinto religioso para dialogar con EL HERALDO.
La curiosidad de estos connacionales por la cuestión política es desmesurada. Preguntan quién es el más fuerte de los precandidatos liberales y nacionalistas.
A otros, los más jóvenes, les preocupa más el futuro de la selección mayor de fútbol.
Cuentan sus anécdotas y concluyen en que Canadá es un país “bonito” para vivir y ver crecer los hijos.
“Los míos (hijos) ya todos están casados, tienen nietos, de momento me he quedado sola y por eso creo que ahora me gusta mucho la aventura”, dice Leonor.
El padre vuelve como a las 3:30 pm y pide a la feligresía catracha que se reúna en torno a la Virgen. Gasta algunas bromas, comienza a decir quién es quién y termina reprendiendo a algunos porque “se pierden de las misas”.
El padre sugiere entonar la famosa canción que le compuso Paco Medina a la Virgen de Suyapa.
Y de esa forma comienzan a cantar “Virgen de Suyapa, ¡oh reina de Honduras! La nación entera te aclama de hinojos y devota implora las santas ternuras, la dulce e infinita piedad de tus ojos; y que apartes siempre los crueles abrojos; que seas la dicha, y que canten todos su felicidad...”.
Escuchar esta canción, interpretada en el extranjero, a 5,254 kilómetros de Honduras, realmente que pone los pelos de punta. La alegría corre por las venas y la emoción se aprisiona en la garganta. Los ojos, por el contrario, advierten una fuga masiva de un sinfín de sentimientos.
La improvisada reunión de los catrachos termina con fuertes apretones de manos, abrazos y el tradicional “gusto conocerlos... que Dios y la Virgen los bendigan”.
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