Letras de colección
Domingo 15 de abril de 2012

Obras clave de la narrativa en Honduras

07:24 pm  - Samaí Torres 

Prisión Verde, El Arca y Blanca Olmedo, figuran en la lista de los 10 libros de autores hondureños de este género literario seleccionados por el instituto Cervantes a través del escritor José Funes

Tegucigalpa,

Honduras

La literatura del siglo XX y principios del XXI ha dejado un buen sabor de boca para la historia de las letras hondureñas.

De esta época salen grandes obras, excelentes escritores y un viaje por distintos movimientos literarios. Y fue con el deseo de resaltar las obras más importantes de la narrativa hondureña que el poeta José Antonio Funes realizó para el Instituto Cervantes, un trabajo en el que presenta lo que él llama las diez obras clave de la narrativa hondureña.

Vida recopiló el trabajo de Funes, quien lejos de subestimar las obras de otros autores presenta esta lista como un referente y como apenas una muestra de la calidad de los escritores hondureños.

Una visión crítica de la realidad hondureña

“La heredad” (1934), de Marco Carías Reyes, es una novela-ensayo que se centra en la preocupación por el progreso de Honduras. “En esta obra, la civilización y la barbarie aparecen con nombres propios”.

En un escenario donde el caudillismo y sus consecuencias todavía rondaban el ya entrado siglo XX.

Funes resalta que esta obra plantea la vocación agrícola de un país donde el progreso debe comenzar en el campo, sin embargo, ningún proyecto civilizador se desarrollará mientras predomine el imperio de la barbarie, “por lo tanto, hay que derrotar la barbarie aun haciendo uso de sus mismas armas”.

Y agregó que “de la narración, lo que más cuenta para el autor es la anécdota, pues echa mano de esta para exponer sus ideales”.

Nueva etapa en la novela histórica hondureña

Roberto Castillo mueve entre dos mundos su novela “La guerra de los sentidos” (2002). “El primero, las representaciones del realismo mágico a través de situaciones y personajes de raigambre popular.

El segundo, referente a los dardos que lanza el narrador contra la impostura en actos y celebraciones de carácter oficial, haciendo uso de la parodia y la carnavalización”, detalló Funes.

El problema de la identidad, o de las identidades, surge como un elemento dinámico en la memoria del pueblo, donde conviven el pasado, el presente y hasta la proyección al futuro. “Una novela para construir, deconstruir y dialogar con la memoria”.

El planteamiento de problemas universales

Basada en el argumento de la novela “Los brujos de Ilamatepeque” de Amaya Amador, “El árbol de los pañuelos” (1972) de Julio Escoto está ubicada 23 años después de que los hermanos Cipriano y Doroteo Cano (personajes del libro de Amaya) fueron fusilados.

El autor “se vale de la anécdota sobre la muerte de los hermanos Cano como un motivo para construir un discurso rico en símbolos y haciendo uso de las técnicas narrativas modernas (ruptura del discurso lineal, monólogo interior, intertextualidad, ambigüedad entre el mundo onírico y el mundo real), apuntó Funes.

Signo de modernidad literaria hondureña

“Sendas en el abismo” (1959), de Mimí Díaz Lozano, establece un signo de modernidad literaria en las letras nacionales, a consideración de Funes.

Los cuentos ambientados en la urbe pueden ser ubicados en cualquier país latinoamericano, y en su contenido la autora aborda diferentes situaciones que reinan en las sociedades.

Y enfatizó que dentro de todos los puntos abordados “las narraciones de Díaz superan la representación mimética de la realidad, pues lo subjetivo cobra fuerzas, desde la visión del narrador y la interioridad y complejidad de los personajes”.

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Edición Impresa      23/04/2014

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