Importante

11:34 am Por: Luz Ernestina Mejía

Lo importante es que se vele por la cosa pública. Que aunque sea del diente al labio, quienes lleguen a conducir nuestro país, por lo menos piensen más de una vez antes de malversar los magros recursos públicos.

En medio de todo, resulta esperanzador el aire favorable a la moralidad pública que como tendencia parece comenzar a respirarse.

Sin importar si las banderas de probidad en ocasiones sean enarboladas por unos no tan probos.

Es más, por unos de excesos privados de público conocimiento en su vida familiar como ejercicio profesional aunque no aparezcan en los medios de comunicación.

O de otros responsables directos, muy afortunados por cierto, del latrocinio y pésima gerencia, sin precedentes y seguramente sin “postcedentes”, de la administración zelayista.

O de comunicadores, que contradiciendo su misión, son terribles lastres para la ignorancia y miseria de nuestro pueblo.

¿Qué importa? Lo importante es el efecto disuasivo que el celo real o aparente de la cosa pública tiene y tendrá sobre los tomadores de decisiones nacionales y el manejo inadecuado de lo común.

Qué importa, si quiera, el lodo que lancen sobre gentes limpias, hasta orgullos nacionales, como el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez.

Ya se lo ofrecerán a Dios y él, solo él, les compensará, que también se encargará la vida implacable, que no Dios tan misericordioso, de los enlodados enlodadores.

Tampoco importa la frescura con que sentados sobre colchones repletos de los dineros de todos, por los que dejaron sin escuelas, ni viviendas, ni meriendas y sí con grandes deudas a las futuras generaciones, se rasguen las vestiduras y clamen por los pobres, a quienes su incapacidad y desorden hicieron y hubieran hecho más pobres.

No importa que los que hoy abusen de la libertad de expresión y a quienes sus dedos acusadores les crecen paralelos a sus narices, sean reconocidos como paladines en este surrealismo en que han convertido nuestra Honduras.

¿Qué importa? Lo importante es que se vele por la cosa pública. Que aunque sea del diente al labio, quienes lleguen a conducir nuestro país, por lo menos piensen más de una vez antes de malversar los magros recursos públicos.

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