En decadencia los recintos culturales de Honduras
Repudiable indiferencia en la escuela Elam Reyes Flores
10:57 am - P. Cálix/E. Domínguez
Increíblemente, en pleno siglo XXI en la capital existen centros educativos unidocentes. Son 60 niños los que reciben clases entre bolsas de cemento, grava, filosas láminas y palos con clavos.
Honduras
El abandono en el sector educativo por parte de las autoridades estatales encontró su rostro más desagradable: la escuela Elam Reyes Flores.
Resulta inconcebible que en la capital en pleno siglo XXI funcionen centros unidocentes.
Pero en efecto, en el sector B de la colonia Los Pinos existe uno y 60 alumnos de los seis grados han caído en la cruel realidad de experimentar la negligencia de compartir una sola maestra.
La insólita situación en la que reciben clases estos menores solo aniquila las ganas de asistir a la escuela, que más parece una bodega de materiales de construcción.
En los dos cajones que se comenzaron a construir, pero que después de cuatro años no se culminan, se educan -entre las bolsas de cemento, la grava, filosas láminas y pedazos de madera con clavos- los futuros profesionales de Los Pinos.
La precaria situación de la escuela es tal que en lugar de alegría y ganas de aprender provoca en los niños una tortura infantil.
Más trágico es saber que los tratados internacionales que abogan por una instrucción bajo correctas condiciones pedagógicas rozan la línea de la utopía y que a este centro hay que pensarlo dos veces para llamarlo escuela.
Cuatro años de lucha
Los deseos para que los escolares reciban clases han sido determinantes para que el centro continúe en funciones.
Mientras que en muchas partes los gremios y estudiantes ingratamente rechazan las cátedras, estos niños viven sedientos de conocimientos.
Es así como la buena voluntad de la directora y única docente, Nolvia Cárcamo, y la colaboradora del jardín de niños, Lesbia Sosa, mantienen en pie la escuela de Los Pinos.
“Desde hace cuatro años los padres de familia decidieron tomar la batuta que, por ley, le corresponde al Estado”, relató Lesbia Sosa.
Con los pocos recursos a disposición, tablas de panelit y voluntad levantaron las cuatro paredes del predio.
Aunque inestable, la estructura era mejor oferta que la otra solución por el que por mucho tiempo optaron: recibir clases a cielo abierto.
El ímpetu de los padres y maestras es proporcional a la desidia del gobierno.
El abandono es catastrófico, pues traspasar los portales del predio es un viaje hacia la aldea más remota del país, donde los servicios más básicos son un espejismo.
Deficiencias crónicas
El pan del saber en la escuela Elam Reyes Flores indiscutiblemente tiene siempre un doble sabor para los alumnos.
Por un lado, dulce por la responsabilidad y deber que tiene la directora-maestra al impartirlo, y amargo por la impotencia a causa de la indiferencia que muestran las autoridades competentes.
La llamada calidad educativa de la que tanto alarde hacen los gobernantes y políticos tardará por lo menos un siglo luz en llegar a este centro.
Las asignaturas de Computación e Idioma Extranjero, agregadas al plan de estudios, no hay posibilidad de impartirlas, no se diga algunas obligatorias como Educación Física, por la falta de espacio.
Para empezar, los escolares reciben clases en improvisadas aulas con piso de tierra, las que se han levantado poco a poco y, como dice el popular dicho ,“a la mano de Dios”.
Los pequeños salones que la conforman semejan bodegas para almacenar desechos, pues permanecen llenas de materiales de construcción.
Para hacer anotaciones a los alumnos, la docente escribe sobre un gastado pizarrón de formica donde lo que más destaca es un enorme agujero.
La escuela como tal existe dentro del inventario de Educación, pero esta secretaría de Estado la tiene en el más completo olvido y abandono.
Ante tal negligencia, son los padres de familia y las maestras de primaria y preescolar quienes hacen esfuerzos para lograr ayudas.
Han tocado varias puertas, pero pocas han respondido al llamado, entre estas la del Estado Mayor Conjunto, que donó las láminas de cinc.
Algunos diputados del Congreso Nacional han prestado su apoyo, pero ninguna autoridad del Estado ha asumido la responsabilidad con estos menores.
“Qué no se ha hecho durante estos años, hemos suplicado por ayuda y el gobierno nada que nos atiende, es una indiferencia total”, declaró Cárcamo.
Como si fuera poco, los diez alumnos del jardín de niños,hacen sus tareas sobre una improvisada mesa hecha con tablas y sostenida con bloques. Pero aun así los pequeños no dejan de cumplir con el deber.
Entre las exigencias o peticiones que hacen por enésima vez ante las autoridades están que se les asignen maestros porque las plazas existen, se les amplíe el centro educativo y que se les construyan un muro perimetral y sanitarios, pues solo se dispone de una insalubre letrina para que los niños, niñas y docentes.
La realidad es que son 70 alumnos los que claman por una escuela digna donde formarse, que reúna las condiciones pedagógicas, en la que se le apueste a la excelencia.
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