Emprendedor
Viernes 10 de agosto de 2012

“Dejé de trabajar cinco años para que mi hija caminara”

04:40 pm  - Redacción 

Fui un niño normal, fui el quinto hijo de ocho hermanos. Estudié en una escuela de monjas franciscanas, de ahí hice el ciclo común en el instituto Lorenzo Cervantes y de ahí me vine a Tegucigalpa a estudiar bachillerato.

José Trinidad Suazo, ministro del Instituto de Conservación Forestal.
José Trinidad Suazo, ministro del Instituto de Conservación Forestal. (Redacción)
Tegucigalpa,

Honduras

La intención de dona Leticia Bulnes era que uno de sus hijos estudiara para sacerdote. Por eso, incluso, los matriculó en una escuela dirigida por monjas. Entre la camada de sus ocho vástagos a los que intentó persuadir para que vistieran sotana estaba José Trinidad Suazo, quien asegura que su futuro estaba entre el bosque y la selva y no dando misa o confesando pecadores.

“Esa es la gran frustración de mi madre”, dice el ministro del Instituto de Conservación Forestal (ICF) al recordar que ni él ni ninguno de sus hermanos se decidieron por la vida sacerdotal.

En 1994 recibió el impacto de saber que su primer hija nació con parálisis cerebral, un hecho que hoy considera como una bendición por todo el amor y cariño que ella derrocha.

En un vivero, en donde abundan plántulas de cedros y caoba en el ICF, recibe a EL HERALDO para relatar las intimidades de su vida.

¿Usted es pariente del expresidente Roberto Suazo Córdova?

Mi padre era primo hermano del doctor Roberto Suazo Córdova, son hijos de dos hermanos, somos primos en segundo grado, pero yo le digo tío. Y mi mamá es prima hermana de la mamá de José Julián Suazo (hijo de Rosuco) .

¿Aprendió a usar pichetes como su tío?

No (risas), la fama de los paceños es que somos brujos, lo único que se me ha pegado a mí es que no me gusta el chile y a los brujos no les gusta el chile.

¿Cómo fue la vida de José Trinidad Suazo en su natal La Paz?

Fui un niño normal, fui el quinto hijo de ocho hermanos. Estudié en una escuela de monjas franciscanas, de ahí hice el ciclo común en el instituto Lorenzo Cervantes y de ahí me vine a Tegucigalpa a estudiar bachillerato, pero terminé graduándome en el instituto Inmaculada Concepción de Comayagua.

¿Casi termina sacerdote con esa educación religiosa?

Yo creo que esa es la principal frustración de mi madre, que ninguno de sus hijos le salió con vocación al sacerdocio.

¿Por eso lo matricularon en colegios católicos, para que fuera sacerdote?

Sí, mi madre ha sido bien devota de la virgen y siempre creyó que la educación cristiana debió ser parte importante en la educación nuestra y todos mis hermanos estudiamos en esa escuela de monjas y nos graduamos en colegios con formación religiosa.

Yo, desde que salí de colegio, siempre tuve la inquietud de estudiar ingeniería forestal, era una carrera que en mi época no había alguien que fuera ingeniero forestal y en un principio me había matriculado para estudiar en La Ceiba, pero surgió la oportunidad de estudiar en Brasil, ya que mi hermano recién había regresado al país graduado de médico veterinario y, entonces, mi padre me ayudó y me fui en 1980 a estudiar ingeniería forestal en la Escuela de Agricultura de la Universidad Luiz de Queiroz de Sao Paulo.

 

¿Se fue becado o pagó sus estudios?

El convenio con la Universidad de Brasil contemplaba que uno ingresaba de manera directa, no ocupaba nivelación y solo se pagaba la estadía y en aquel tiempo para estudiar en Brasil se requerían 250 dólares, que equivalían a 500 lempiras, y lo que mi padre iba a gastar en La Ceiba eran 450 lempiras.

Pero sucedió que en el gobierno de José Simón Azcona vino la crisis de los dólares, solo los importadores tenían permiso (para obtener las divisas) y fue así que con un préstamo de Educredito pude terminar mis estudios.

Mi primer año no fue difícil, recordemos que en Brasil los estudiantes hacen un año de preparación antes de entrar a estudiar las ingenierías y yo el primer semestre de siete clases solo pasé dos, por eso la carrera la terminé en seis años y no en cinco.

¿Y aprendió rápido el portugués?

Pues al inicio solo lo que el profesor escribía en la pizarra, pero al escucharlo uno lo aprende bien y en unos cuatro meses yo ya hablaba y escribía bien el portugués.

¿En Brasil conoció a su esposa?

Ella estudiaba en otra universidad, una universidad metodista, ella es licenciada en letras y nos conocimos por medio de un hondureño que era novio de una amiga de ella, nos conocimos y al final, antes de venir a Honduras, nos casamos. Solo mi hermano que estudiaba zootecnia pudo asistir, pero mi familia, mi mamá y mis hermanas fueron para mi graduación y ahí conocieron a mi esposa y su familia.

Cuando vino a Honduras estaba el gobierno liberal de José Simón Azcona y, ¿no pudo conseguir trabajo?

Bueno, estaba el gobierno del Azcona y teníamos el lastre del apellido Suazo, hay que recordar que Azcona se peleó con el doctor Suazo y eso me marcó y no pude obtener trabajo al venir a Honduras.

¿Por cuánto tiempo?

Estuve nueve meses con mi padre en la agricultura, de ahí me salió la oportunidad de trabajar en Teupansenti (El Paraíso) en una empresa intermedia, estoy muy agradecido con el señor José León, quien me dio la oportunidad de trabajar y después se me dieron las oportunidades, conseguí trabajo en La Mosquitia como encargado de un proyecto del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, con los refugiados misquitos.

Después, en el gobierno del licenciado Callejas, el actual Presidente, Porfirio Lobo, era el gerente de Cohdefor (hoy ICF) y me dio la oportunidad de ser el jefe regional de la oficina de Cohdefor en La Paz.

Todos sabemos que el papá del doctor Suazo, Julián Suazo, fue el gobernador los 16 años del gobierno de Tiburcio Carías y mi abuelo, don Álvaro Suazo, fue diputado en ese periodo, así que las raíces de los Suazo han sido nacionalistas. En la actualidad soy diputado suplente por La Paz, de la diputada Gladis Aurora, y también soy presidente del partido (Nacional) en La Paz.

¿En qué consistió su trabajo con los refugiados?

Nosotros estábamos en un trabajo de reforestar 6,000 hectáreas que habían sido descombradas cuando llegaron a La Mosquitia de Honduras y yo, como encargado del proyecto de investigación, hicimos ensayos con unas especies de caoba, ensayos de plantaciones para ver cuál era la mejor forma de restaurar el bosque y fue una experiencia muy bonita, porque en Honduras no hay muchas personas que se dediquen al tema de la investigación.

Ahí instalamos una estación meteorológica y fue la primera que había en el sector.

¿No le dio malaria?

Bueno, no, pero casi me pica una barba amarilla cuando estábamos haciendo una plantación. Una vez íbamos sobre el río Patuca en una panga y al llegar a la orilla no nos fijamos que había un cocodrilo tomando sol y no nos fijamos y fue solo el susto .

En otra oportunidad vimos cuando una familia misquita estaba comiendo un mono, eso fue algo muy traumático, lo estaban cocinando al fuego (directa en las llamas) y eso me marcó mucho porque el mono parecía el feto de un niño.

¿ Y le ofrecieron mono para que comiera?

Sí, pero no comí. Es muy impresionante ver la vida en la selva.

¿Cuántos hijos tiene?

Tengo tres hijas, una hija mayor que nació con parálisis cerebral, es una niña especial y es una bendición para mí como padre que Dios me haya entregado esta niña; y tengo la segunda hija que está en primero de bachillerato y la niña chiquita que está en sexto grado.

¿Cómo encaró ese momento de saber que había tenido una niña especial?

Yo me fui a México a trabajar con los refugiados, mi esposa estaba trabajando allá y dos años después nace mi primer hija, la que nació con parálisis cerebral, fue bien difícil porque era el primero hijo, el más esperado y vino con esa malformación genética. Nosotros gastamos mucho dinero en saber qué había sucedido y al final los médicos nos dijeron que era mala suerte y que tocaba darle una mejor calidad de vida.

Yo hasta los cinco años la hice caminar a mi hija, porque renuncié al trabajo y me dediqué a llevarla todos los días a la terapia, íbamos dos veces por semana (recorriendo) 180 kilómetros hacia un centro especializado.

¿Todo ese tiempo sin trabajar?

Toda esa terapia la hizo en México, yo aprendí a hacer todos los trabajos de terapia para fortalecer la musculatura. Yo renuncié, trabajaba con el Instituto Federal Forestal. Mi esposa era investigadora social, trabajaba con un programa de solidaridad forestal con mi esposa, un programa de generación de plantas para donarlas.

Nuestro trabajo era como consultores, no había un vínculo a largo plazo y se terminó el contrato y decidí apartarme, porque el médico nos dijo que uno de los padres había que estar permanente con nuestra hija.

 

Por lo general es la madre la que hace ese papel de cuidar al hijo. ¿Cómo se discutió ese tema para que fuera usted?

Mi esposa era más ventajosa, ella era funcionaria internacional de Naciones Unidas, tenía privilegios como un seguro de vida, un seguro médico, viajes familiares a Brasil y en cambio el mío (trabajo) era mas técnico, pero no me arrepiento de haber tomado esa decisión. Se logró que la niña a los cinco años diera sus primeros pasos, recuerdo claramente, fue en el mes de septiembre (de 1998) y en noviembre vino el huracán Mitch y nosotros viajábamos de La Paz a Tegucigalpa a que le practicaran la terapia y fue un momento duro porque La Paz estaba incomunicada.

 

¿Tuvo que volver a trabajar al volver al país?

Me dediqué tres años a la siembra de café en unas propiedades que me dejó mi padre. Luego incursioné en la política en 2001 con el licenciado Ricardo Maduro, trabajamos para organizar el departamento de La Paz, de forma lastimosa no se me dio la oportunidad de representar el departamento.

Maduro me pidió que le ayudara y fue así que trabajé los últimos seis meses de su gobierno como subgerente de Cohdefor.

 

¿Hace poco se le diagnosticó diabetes?

Sí, hace tres semanas, pero era algo para lo cual ya me había preparado porque en mi familia hay varios parientes que tiene diabetes.

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Edición Impresa      19/06/2013

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