El artista estadounidense George Hernández invierte parte de su tiempo en enseñar hip hop y el arte del grafiti a un grupo de jóvenes en riesgo social de zonas en vías de desarrollo de la capital.
Los jóvenes, en su mayoría, menores de edad, encontraron en la música y en el arte, una forma de mantenerse ocupados y descubrir que son útiles.
La mayoría de los trabajos son dirigidos a la preservación del medio ambiente. George llevó su proyecto a Camasca, una zona garífuna del norte del país, donde sembrará una semilla de esperanza.