Estados Unidos
.Ocho años después de los atentados de septiembre de 2001, el espectro del terrorismo sigue acosando a Estados Unidos. Todavía la semana pasada, agentes de la FBI estaban trabajando tiempo extra para desentrañar el alarmante caso de un conductor de autobuses en el aeropuerto de Denver, acusado de haber sido capacitado en el uso de explosivos en Pakistán y de comprar substancias para fabricar bombas. En Dallas, un joven jordano fue acusado de querer hacer volar un rascacielos; en Springfield, Illinois, un reo en libertad condicional fue arrestado por tratar de atacar un edificio federal. Entre tanto, el gobierno del presidente Barack Obama batallaba por decidir si enviar más tropas a Afganistán sería la mejor forma de prevenir un ataque futuro.
Pero, por importantes que fueran, estas noticias esconden una tendencia de largo plazo, sorprendente y quizá alentadora: muchos estudiantes de terrorismo piensan que, en muchos sentidos, Al Qaida y su ideología de yihad global están en un declive pronunciado, con su directiva sacada de equilibrio a medida de que sus agentes caen víctimas de misiles y cacerías humanas y, lo que es más importante, con el descrédito de sus tácticas ante la opinión pública en todo el mundo musulán.
"Al Qaida está perdiendo su argumento moral sobre la matanza de civiles inocentes", explica Emile A. Nakhleh, que hasta 2006 encabezó el programa de análisis estratégico de la Agencia Central de Inteligencia sobre el islam político. "Le está costando más trabajo reclutar y recabar dinero".
Marc Sageman, ex funcionario de la CIA y psiquiatra forense, contó diez conjuras graves contra blancos occidentales, tanto con éxito como fallidas, que podrían estar vinculadas con Al Qaida y sus aliados en 2004, un máximo que él piensa estuvo motivado por la invasión estadounidense de Irak el año anterior. En 2008, precisó, sólo hubo tres.
Sageman ha estado en la vanguardia de quienes sostienen que la organización de Al Qaida, con una dirección central, está cediendo el lugar a una generación de aspirantes a terroristas dispersos, que en gran medida se comunican por Internet y que siguen constituyendo un peligro, pero en menor medida.
"Hace dos años dije que era un problema que estaba reduciéndose, y todo lo que he visto desde entonces lo confirma", comentó Sageman acerca de Al Qaida Central, como la llaman los especialistas en antiterrorismo.
Pasado
Sagemen no es el único en hacer esa evaluación. Audrey Kurth Cronin, profesora del Colegio Nacional de Guerra en Washington, menciona la trayectoria de grupos extremistas violentos anteriores, desde la "Voluntad Popular" de Rusia hasta el Ejército Republicano Irlandés, a los que ella estudia en su reciente libro "Cómo termina el terrorismo". "Creo que Al Qaida está en proceso de implosión", diagnostica. "No es necesariamente el final, pero las tendencias van por buen camino." Empero, sigue abierta la pregunta de cuánto podemos tranquilizarnos con esa evaluación y si ésta habría de modificar la política antiterrorista de Estados Unidos, como se muestra en el debate sobre Afganistán y en las acusaciones contra el detenido en Denver, Najibullah Zazi.
Incluso los funcionarios anti-terroristas que coinciden en que Al Qaida está menguando, por ejemplo, advierten que la organización podría reagruparse si se le deja tranquila en alguna región al margen de la ley en Pakistán, Afganistán o Somalia.
