Bolivia
.En Bolivia, donde la mayoría indígena, tradicionalmente postergada, encontró un adalid en Evo Morales, la oposición cree tener la fórmula para ganar las elecciones de fin de año: para derrotar a un indígena, hay que postular a otro indígena. Pocos esperaban, sin embargo, la turbulencia que generó la perspectiva de que un indígena se opusiese a Morales.
Cuando Víctor Hugo Cárdenas, un aymara que fue vicepresidente, insinuó que se postularía, una turba lo expulsó de su casa en el lago Titicaca y azotó a su esposa e hijo, que estuvieron dos días en un hospital tras la paliza.
Posteriormente, la comunidad vetó en una ceremonia a la familia de Cárdenas. Un hombre y una mujer con ponchos rojos azotaron una efigie del político y luego la enterraron simbólicamente.
“No perdonamos que se haya traicionado al hermano (Evo) Morales, al proceso de cambio. Él (Cárdenas) ha renegado de su apellido Choquehuanca y se lo ha cambiado por Cárdenas”, dijo Alfredo Huañapaco, uno de los líderes de la toma.
Periodistas comprobaron que se habían llevado todos los muebles de la vivienda, donde había mucha basura desparramada.
“Tomada por el pueblo”, “Casa para la tercera edad”, pintaron los ocupantes en la fachada de la casa de dos plantas a orillas del idílico lago Titicaca, a 40 kilómetros de La Paz. Aunque deploró el hecho, Morales dijo que “el pueblo boliviano no aguanta ni perdona a los traidores”.
Su gobierno no instruyó a la policía el desalojo de los invasores y dejó que la fiscalía inicie acciones, pero la reacción de los fiscales ha sido tibia.
