En Honduras, como en toda República, quienes dirigen el Gobierno son simples representantes del pueblo porque son elegidos por la ciudadanÃa con el mandato de asegurar el bienestar general en condiciones de justicia y libertad, y de lograr resultados significativos con esa finalidad. En consecuencia, el poder polÃtico o estatal es un poder que se confÃa por unos ciudadanos a otros, quienes al convertirse en autoridades o funcionarios quedan obligados a cumplir con deberes constitucionales y legales como servidores públicos, y solo están facultados para realizar un ejercicio legalmente controlado del poder del Estado.
Todos los ciudadanos y ciudadanas integramos el pueblo y tenemos el derecho y el deber de velar por dichos resultados y por el respeto de la soberanÃa nacional, que es producto del ejercicio del derecho a nuestra autodeterminación por la democracia, como sistema de vida en armonÃa social y desarrollo humano que necesitamos cuidar y perfeccionar incesantemente.
Ese compromiso ciudadano es obligación de cumplimiento inexcusable de generación en generación, consistente en el ejercicio de nuestros derechos individuales a participar en los procesos de decisión y gestión de los asuntos públicos, eligiendo a nuestros representantes en el Gobierno, cooperando como sociedad al logro de los objetivos del Estado, haciendo efectiva la obligación de los gobernantes de rendir cuentas de su gestión y, a ese efecto, realizando constantemente auditorÃa social sobre los medios, recursos y resultados empleados asà como el respeto a la Constitución y leyes de la República por los servidores del Estado.
En pocos dÃas, todos tendremos la oportunidad de cumplir puntualmente con la soberanÃa nacional y con la democracia por las cuales hemos optado, ejerciendo sin temores nuestro derecho de votar libremente a favor de candidatos y candidatas idóneos para representarnos en el Poder Ejecutivo, Poder Legislativo, Corporaciones municipales y Parlamento centroamericano.
Con la conciencia de que somos titulares de derechos polÃticos, nuestro deber es ejercerlos responsablemente como ciudadanos libres, copartÃcipes y custodios de la soberanÃa nacional que la autodeterminación del pueblo, en su totalidad, ha dejado resguardada con el estado de Derecho garantizado por la Constitución de la República en la cual se dispone que el sufragio es un derecho de ejercicio obligatorio.
Ello es asà porque, al decidir y depositar el voto, ejercemos una función pública consistente en poner en acción nuestra soberanÃa individual para elegir a quienes, por la confianza que tenemos en sus atributos personales y en su compromiso permanente con una propuesta electoral acorde con las necesidades generales de la sociedad, nos habrán de representar en la dirección del gobierno y estarán conscientes de quedar sujetos a la prueba de legitimidad democrática constante, ante toda la ciudadanÃa, en función de su comportamiento y buen gobierno durante todo el perÃodo de la gestión gubernamental.
En la actual situación es natural preguntarse ¿cómo votar responsablemente? Hay criterios de vigencia permanente a los cuales nos llama aún nuestro sabio José Cecilio del Valle, al señalarnos lo siguiente: "...elegid a aquellos que llenos de consejo y prudencia puedan guiarnos con ella a igual distancia de la licencia que olvida los deberes y del despotismo que destruye los derechos; elegid a aquellos que tienen energÃa bastante para elevarse sobre los intereses mezquinos de individuos o cuerpos y decretar leyes que tiendan al mayor bien posible del mayor número posible; elegid a aquellos que siendo rectos como la lÃnea que tira el geómetra sin inclinación a un lado ni otro, puedan administraros justicia con igual rectitud; elegid a aquellos que hayan aprendido la ciencia difÃcil del gobierno y la experiencia aún más dificultosa de saberla aplicar al momento y circunstancias en que se halla la nación... Si queréis Repúblicas, elegid a republicanos decididos; si deseáis ser libres, elegid a hombres amigos de la libertad; si amáis la Constitución que ha declarado vuestros derechos, elegid a los que sean adictos al sistema constitucional… A nombre de Dios, autor benéfico de los derechos del hombre y del ciudadano, elegid aquellos que hayan dado pruebas efectivas, pruebas inequÃvocas de adhesión a nuestro sistema. No os contentéis con promesas o protestas: volved la vista a los tiempos anteriores. Buscad hechos, y no os fiéis en palabras. Si en todos los años es necesaria la vigilancia, en los presentes es más precisa que nunca".