Honduras
.La pesadilla de don Andrés Torres terminó esta madrugada tras 19 días de secuestro, tiempo en el que su salud no decayó y, más bien, dio muestras de increíble fortaleza con el recorrido de casi dos kilómetros que tuvo que realizar después de ser abandonado por sus captores en un sector del departamento de La Paz.
No había llegado a su residencia en la colonia Miramontes, en Tegucigalpa, cuando el comunicador ya daba declaraciones a la emisora HRN. Y sus palabras eran de agradecimiento a la vida, a su familia, a sus amigos, al Presidente... y a los mismos secuestradores.
"La libertad no tiene precio, hay que saberla vivir", reflexionó el veterano periodista quien fue secuestrado por seis sujetos que lo seleccionaron atraídos por el pick-up doble cabina color azul marca Mitsubishi en que se conducía.
Sus palabras también fueron en alguna manera tranquilizadoras para el gremio de periodistas, que vio en el secuestro del conductor de Tegucigalpa de noche una real amenaza contra la libertad de expresión. "El gremio periodístico no debe sentirse amenazado", dijo.
"Lo que le quiero pedir a los compañeros periodistas (es) que no anden con esos carros, que no anden con esas prados". Y es que, como repitió varias veces ante los micrófonos, lo que vivió "no se lo deseo a nadie, ni al que más me odie".
El recuento de los hechos
Fueron seis los hombres que interceptaron su vehículo en la colonia El Sitio, el pasado 15 de mayo.
Durante el tiempo que duró su secuestro permaneció con los ojos vendados. La tarde de ese viernes, cuando empezó su odisea, fue llevado a un lugar que no sabe identificar. Luego, a la una de la madrugada del sábado 16 de mayo, fue llevado a otro escondite.
"Les quiero decir algo muy importante: ellos no sabían quién era Andrés Torres, ellos no buscaban a Andrés Torres", dijo en sus primeras declaraciones a HRN.
"Esto porque con la persona que estaba me dijo '¿cuánto ofreces para que terminemos esto luego?'".
"Le dije 'yo yo soy un hombre acabado'", cuenta el periodista, quien ofreción 50,000 lempiras por su rescate. El secuestrador le respondió con risas.
"Mirá una persona que tiene un carro que vale casi medio millón tiene para pagar un rescate", agregó el criminal.
Torres le respondió que su carro vale 400 mil lempiras y que todavía lo está pagando al banco de Occidente.
No obstante, los secuestradores endurecen sus exigencias de rescate cuando escuchan en el programa de Renato Alvarez que Andrés Torres había sido secuestrado. "Ah, este es importante, este tiene cómo pagar y la negociación ya cambia", recuerda el comunicador en su relato.
"Me agarré del Espíritu Santo"
Pese a los llamados que públicamente hizo su familia para que los secuestradores atendieran los problemas de salud de don Andrés, quien tiena problemas de diabetes y presión arterial, "nunca me dieron pastillas para mi diabetes y el corazón".
"Yo me agarré del Espíritu Santo", recuerda el comunicador, quien no sufrió bajas ni alzas de azúcar o presión durante su cautiverio.
"Oraba mañana y noche pidiendo que no me fuera a dar una bajón o subida de azúcar o una alta presión". Las súplicas no cesaron. "Manteneme así por favor", invocaba. "Y (el Espíritu Santo) me mantuvo sano sin necesidad de pastillas".
"Ahorita que llegue a mi casa yo voy a seguir el tratamiento de la diabetes y de la presión", dijo a sus colegas minutos antes de ingresar a su residencia en la colonia Miramontes.
Recuerda que permaneció encerrado en cuatro paredes y que dormía en el suelo, en un colchón que amortiguaba la dura estadía.
"Estaba en un cuarto de ocho por ocho vacío, durmiendo en el suelo. No podía platicar con las paredes, por supuesto, ni con nadie. Es triste estar en esa situación".
"No vi nada"
Los casi veinte días que estuvo secuestrado, Andrés Torres vivió en tinieblas. "Todo el tiempo anduve vendado. No conozco a ninguno de los que me asaltaron ni a los que me cuidaron", relata.
Cuando lo movían de lugar "me pedían que tuviera la cabeza agachada en medio de las piernas y me alegro de no haber visto nada".
Admite que "no me importaba saber dónde estaba si no cuándo iba a salir".
Afortunadamente, los secuestradores no lo maltrataron físicamente. "Yo no tengo ningún rasguño, ningún golpe". Y por alimentación tampoco padeció. "La comida que me daban era buena, excelente, por alimentacion yo no sufrí nada".
Con buen humor, contó que en el cuarto donde permanecía encerrado "andaba un zancudo que no me dejaba dormir y hasta anoche lo pude matar".
Los últimos días
Don Andrés contó que desde el jueves, los secuestradores le habían dicho que sería liberado.
"El jueves me iban a sacar, ya me habían dicho 'hoy te vas', pero después no se entregóo el rescate", recuerda.
Sus captores le proporcionaron un iPod con el que "estuve jugando solitaria con un IPod. Jugué más de tres mil solitarias".
"Ayer, desde la una de la tarde, dicen que el rescate no lo han pagado, pero el rescate parece que les llegó como a las diez de la noche. Yo dormí en el suelo, a las once. Que sea la voluntad de Dios", se dijo a sí mismo.
"A la una me dijeron 'ponete los zapatos que ya te vas'. Amaneci en Yarumela".
A las 3:30 AM "me dejaron botado y empecé a caminar". "Me sentí alegre, pero con miedo porque no sabía si (los secuestradores) me habían dejado. Empecé a agarrar para El Conejo".
"Me favoreció que la carretera tiene una cinta blanca por enmedio y por ahí caminé". Hizo señal de parada a cuanto vehículo pasaba, pero nadie se detuvo a socorrerlo.
Casi dos kilómetros después de recorrido, llegó a una fábrica de pollo. Ahí estaba un joven a quien le dijo "muchacho soy Andrés Torres". Allí le dieron albergue mientras llamaba a su familia.
"¿'Cómo se llama aquí?", preguntó. Le respondieron que en Yarumela.
Antes de las 6:50 AM estaba llegando a su casa, donde le esperaba un sucuelento desayuno y toda su familia. Nietos, bisnietos, hermanos e hijos se reunieron para darle la bienvenida.
"Me siento feliz, me siento grande. La libertad no tiene precio, cualquier precio que se pague por la libertad no importa, la vida solo es una. Uno después de esas cosas cambia".
Y le hizo un llamado a los periodistas con quienes ha tenido diferencias para hacer. "Yo he tenido diferencias con Danilo Izaguirre y yo le quiero pedir que hagamos las paces. Que hagamos las paces con otros periodistas".
Dijo que se tomará un tiempo antes de volver a su programa radial "para descansar, para reflexionar qué es lo que vamos a hacer".
Agradeció las muestras de cariños que ha recibido de todos lados. "Me siento importante y al presidente de la República le digo gracias también, gracias a todos".