Una constante en la historia de la humanidad son las guerras y los conflictos. Es m谩s, el desarrollo de las sociedades y la conformaci贸n geopol铆tica del mundo como lo conocemos actualmente se explican por una sucesi贸n de arbitrariedades legitimadas por el uso de la fuerza.
En la vida cotidiana de hoy la fuerza contin煤a siendo un recurso habitual para solucionar conflictos.
Los modelos pol铆ticos agresivos y las tradiciones autoritarias pesan en la construcci贸n de sociedades violentas.
La memoria, utilizada ejemplarmente para intervenir de modo cr铆tico sobre el presente, dice una y otra vez que la violencia y la imposici贸n no son el mejor camino para resolver los problemas y que una sociedad en paz es deseable para el logro del bienestar propio y para el progreso de la humanidad entera. Este estado de convivencia en paz es posible porque la naturaleza inteligente y sensible de los seres humanos nos permite comprender, reflexionar y sobre todo aceptar que compartimos una condici贸n com煤n sustentada en la dignidad.
La paz no es solo la ausencia de guerra. Un concepto integral de paz positiva implica la forma de interpretar las relaciones sociales y de solucionar los conflictos inevitables en funci贸n de la misma diversidad humana. El logro de la paz debe partir de los espacios que los seres humanos encuentren para resolver sus diferencias apelando a su sensibilidad y como dice Levinas en 鈥渆l reconocimiento del otro como momento 茅tico de respeto a la alteridad鈥.
Esta reflexi贸n 茅tica convertida en di谩logo intercultural, en reconocimiento pleno de la igualdad de derechos, en la recuperaci贸n de la memoria hist贸rica y en la transformaci贸n positiva del conflicto deber铆a ser aplicada en todas las esferas de relacionamiento humano.
La paz es una fuerza transformadora al servicio de la sociedad y la educaci贸n es una v铆a natural para impulsarla. La utop铆a posible de la paz debe ser el referente principal de la educaci贸n y una plataforma v谩lida para reflexionar cr铆ticamente sobre la justicia social, la tolerancia e igualdad de oportunidades.
La educaci贸n, especialmente formal, no puede ignorar las condiciones estructurales de injusticia que existen en la m茅dula de la violencia y debe asumir que superar estas barreras es una tarea impostergable para aliviar la miseria existencial de la humanidad.
La educaci贸n para la paz es un espacio dial茅ctico para generar una conciencia cr铆tica alternativa a modelos pol铆ticos basados en la injusticia y en la impunidad, que pretenden generar tolerancia social al abuso del poder y al irrespeto a los derechos humanos fundamentales; puede adem谩s, ser una oportunidad id贸nea para cuestionar responsablemente las interpretaciones clasistas de la violencia juvenil.
Es importante educar para la paz para recuperar los espacios perdidos de la utop铆a educativa, en tiempos en los que el logro y la autorrealizaci贸n hedonista amenazan convertir a las personas en simples piezas del aparato econ贸mico.
En s铆ntesis, se trata del recuperar el valor que le dio a la educaci贸n su car谩cter de derecho humano, mismo que se vac铆a de sentido frente a las exigencias de una educaci贸n funcional - instrumental 煤til para el mercado-, pero carente de referentes para la convivencia.