Leticia de Oyuela… siempre

Contemplo el calendario y agosto tiene una palidez de melismas y una debilidad como de guerrero recién herido. Le pregunté que le pasaba y con total tristeza respondió: Ya no está esa mujer que, con sus ideas, bombardeaba la ciudad y me daba una vocación de octavo mes con túnica dorada.

Contemplo el calendario y agosto tiene una palidez de melismas y una debilidad como de guerrero recién herido. Le pregunté que le pasaba y con total tristeza respondió: Ya no está esa mujer que, con sus ideas, bombardeaba la ciudad y me daba una vocación de octavo mes con túnica dorada.

Con la certeza que dan las voces del corazón le dije: agosto, tú has ganado una preñez eterna de intemporalidad, gracias a Leti.

Serás un mes de sonados campanazos en ciudades y aldeas, serás el mes por excelencia de los amantes de la investigación, de la escritura, de la lectura, de la pintura, de la poesía, de la historia, de las presentaciones de libros, de las ilustres pláticas en tertulias de eternos boquerones.

Serás eternamente, el mes del florecer de otras lluvias con gotas fluorescentes en donde brille su nombre.

Nada más exacto que tu nombre, mi bella amiga, para despertar relojes de arena en nuestras conciencias y para desbordar terrenos baldíos.

Hoy en tu casa, la tetera de las cuatro de la tarde, extraña la plática y el reventar de tu risa cuando algún viento alocado se colaba por la ventana.

Hoy, en el umbral de la puerta de tu casa, hacen fila las nuevas propuestas, los nuevos dictados, que se quedaron a la espera de tus órdenes pausadas y proféticas…

Hoy, la silla de ruedas y la cajetilla de cigarrillos, anhelan el reencuentro de pronósticos sobre sí mismo. Al igual que ellos, extrañamos tu presencia, tu calor humano, tu solidaridad.

Gracias eterna amiga por habernos empujado por los rascacielos y por los peñascos del "sí puedo" y por enseñarnos a no tener miedo. Gracias, por tus palabras que siempre fueron marchas apocalípticas inundadas de presagios. Gracias, por enseñarnos a construir muelles en agujeros negros y por haber hecho posible la siega.

Gracias, por enseñarnos el misterio del trueque en el silencio y por ayudarnos a desenterrar esas canicas morenas que escondíamos en lo profundo del mar.

Gracias, amiga por haber provocado vértigos en metáforas inmóviles, y por haber logrado que gimieran pañuelos cuando todo era blanco. Hoy, los pájaros son de vinílico y la niebla es una mochila en busca de aposento. Ancladas todas las naves, repetimos a los cuatro vientos tu nombre… Leticia de Oyuela, en un día como hoy, ¡Feliz cumpleaños!

20/08/2008
Diana A. Espinal Meza
Leticia, Oyuela, siempre, columna

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