Honduras
.Los municipios del sur del departamento de El Paraíso se llevan la peor parte en materia de beneficios obtenidos por la política. Su peso es menor en la balanza electoral, nadie los representa en el Congreso Nacional y no gozan la bonanza de sus vecinos del norte paraiseño. Muy poco es lo que han recibido los más de 400 mil hondureños que habitan los siete mil 200 kilómetros cuadrados del departamento de El Paraíso de parte de los políticos en 28 años de democracia.
Agua potable para todos, escuelas, electrificación rural y carreteras son las platos fuertes en el menú de las ofertas electorales.
Promesas incumplidas
Hay en el departamento de El Paraíso un solo hospital de área para más de 400 mil habitantes. Unos 4,180 habitantes tienen que competir por una cama hospitalaria y el 24 por ciento de las viviendas no tiene agua potable, eso representa unas 100 mil personas.
La tasa de natalidad es todavía bastante alta, 29 nacimientos por cada mil habitantes, mientras en el otro extremo la tasa de mortalidad es de 30 por cada mil nacidos vivos, que de acuerdo con los parámetros de la Organización Mundial de la Salud (OMS), sigue siendo muy elevado.
Un 35 por ciento de los habitantes del departamento de El Paraíso no tiene ni siquiera letrinas. El resfrío común, el parasitismo y la faringoamigdalitis, todas patologías prevenibles, siguen siendo las principales causas de mortalidad hospitalaria en el departamento.
Déficit educativo
En cuanto a educación las estadísticas no son mejores.
La media de escolaridad para el departamento es apenas de sexto grado. Cada año se necesitan entre 150 y 180 plazas en los jardines y escuelas del departamento, pero, solo se nombran entre 15 y 20 nuevos educadores, por lo que el déficit de maestros y la sobrepoblación en las escuelas crece en forma exponencial.
Potrerillos, Jacaleapa, y San Matías, que son limítrofes entre sí y ninguno de ellos pasa de los cinco mil habitantes, son los que tienen los más bajos índices de alfabetismo.
Escasa oferta laboral
La población económicamente activa del departamento de El Paraíso es de 157 mil personas, pero de ellas solo un poco más de la mitad está empleada.
El índice de desempleo es de un 41 por ciento, lo que significa que casi 65 mil personas no tienen trabajo. El subempleo, la economía informal y hasta la mendicidad son visibles en las principales calles de las ciudades y aún de centros urbanos más pequeños como aldeas.
La agricultura sigue siendo la principal actividad económica de los paraiseños. Un jornalero gana 70 lempiras diarios si encuentra trabajo, pero la consulta en la clínica privada de un médico general cuesta entre 150 y 200 lempiras, es decir dos o tres días de salario.
Las maquiladoras de tabaco, que emplean a unas once mil personas principalmente en la ciudad de Danlí, son la primera fuente de empleo estable en el departamento. Esas personas ganan un salario mínimo de 4,055 lempiras. El salario mínimo para las otras actividades es de 5,500 lempiras.
El cultivo estacional de café, caña de azúcar y hortalizas de exportación como sandías, melones y hortalizas son otras fuentes de trabajo, pero la remuneración es mala y las prestaciones sociales no existen.
Diferencias
Los municipios del norte del departamento son afortunados, mientras los del sur pasan penurias. Los del norte tienen un buen régimen de lluvias todos los años, producen unos 200 mil quintales de café, cosechan granos básicos, engordan ganado vacuno y bovino. Esos municipios son Danlí, El Paraíso, Trojes, Teupasenti, Morocelí, Yuscarán y Oropolí.
Los del Sur están más vinculados a los departamentos de Choluteca y Francisco Morazán, están muy deforestados, llueve poco y solo consiguen una cosecha anual de maíz o maicillo.
No figuran para nada en el mapa político y se conectan con Yuscarán, su cabecera departamental, luego de largos rodeos por carreteras de tierra que casi son trochas, a través de Francisco Morazán y Choluteca. La ecuación es fácil: los municipios del sur reúnen menos del 20 por ciento de los 245 mil votantes del departamento y por ello no pesan en las urnas.
No tienen quién los represente en el Congreso Nacional y los líderes del departamento, todos ellos del sector norte, los visitan solo en tiempo de elecciones.
Los retos son los mismos de hace 28 años: salud, escuelas, carreteras, electricidad y empleo, pero las esperanzas sí se han renovado al esperar que en esta nueva contienda, las autoridades que resulten electas vuelvan su mirada a El Paraíso.
El entusiasmo no ha dado ni un paso atrás
El entusiasmo que vive la población del departamento de El Paraíso no tiene comparación.
Millares de paraíseños han manifestado su interés en que este próximo 29 de noviembre las urnas hablen a través del sufragio que ejercerán sus pobladores.
En las calles de las principales ciudades ya se vive el ambiente festivo que muestra que la fiesta electoral está por venir.
La mayoría de los pobladores ha entendido que este octavo proceso democrático será la válvula de escape para la crisis política que vive la nación entera desde el pasado 28 de junio, fecha en que Manuel Zelaya fue sucedido en el poder por haber violado la Constitución de la República.
En las calles ya se observan afiches, pancartas, banderas y hasta activistas organizando actividades en favor de los candidatos de sus partidos para hacer que la democracia brille nuevamente en el horizonte.
