Honduras
.La tarde apenas comienza. La jornada de estudio de los pequeños terminó hace ya dos horas. Los quehaceres del hogar también han culminado ya.
Es hora de practicar los ritmos y canciones que ejecutarán al llegar el fin de semana, frente a centenares de espectadores que admiran la banda por el talento infantil con que cuentan.
Los integrantes de la orquesta popular se preparan para ensayar las melodías con las que harán vibrar al público presente.
Los primeros en cambiarse de ropa son Carlos Daniel, de 11 años, y Andy Javier Hernández, de 9 años.
Lucía Rodríguez, de 32 años, da los últimos retoques en la cocina y se apresura para ponerse el traje que utiliza como uniforme. El último en alistarse es Pedro Hernández, de 42 años, esposo de Lucía y padre del resto de los miembros del conjunto musical.
Es así como cada día inician las prácticas en la sala de la residencia de la familia Hernández Rodríguez.
La búsqueda de los instrumentos de cada uno toma tiempo. Carlos aparece con la concertina y aunque las teclas ubicadas al lado de su mano izquierda no sirven, se las ingenia para auxiliarse de las del lado derecho, para que suenen a la perfección.
Y es que la destreza con que Carlos hace estirar y comprimir el instrumento lo convierte en el más admirado de la banda, más aún cuando se conoce que aprendió sin ningún manual o cátedra.
“Yo aprendía con solo escuchar las melodías que salen en las emisoras de radio, por eso es que sueño en asistir a la Escuela de Música”, dijo el pequeño artista.
Andy se suma con el güiro, una especie de raspador que le armó su padre de una lata y que suena al pasarle un pedazo de desatornillador.
El sonido de las cuerdas de la vihuela que usa Lucía también se ha unido a la banda, seguido por la guitarra que hace sonar Pedro.
De inmediato, las voces de ambos padres se juntan para completar la melodía.
Sueños
Los instrumentos que utiliza el grupo musical son antiguos, adquiridos de segunda; situación que sueñan con mejorar.
“Yo quisiera que me donen una nueva concertina y si es posible un saxofón porque sé que puedo ejecutarlo”, manifestó Carlos.
El anhelo de Carlos también es compartido por su hermano Andy, quien se atreve a pedir un güiro nuevo, así como una bicicleta.
La banda se hace llamar El Águila, nombre con el cual se han vuelto populares en la colonia Villa Nueva, en donde residen, así como en los diversos restaurantes en los que se han presentado.
La plaza Central Francisco Morazán es otro de los lugares en donde se puede apreciar el talento de la familia, al llegar el día viernes.
“La jornada inicia temprano, pues no podemos permitir que los niños se desvelen ya que están en la escuela”, dijo el jefe de hogar.
El trabajo como músicos se extiende hasta el domingo, para luego continuar la rutina de estudios y otros quehaceres.
El talento de los artistas también ha estado presente en cumpleaños, festejos del día de la madre y bodas en diferentes lugares del país.
Para contactarlos basta con llamar al teléfono 3313-9406.
Recuerdos
Según los recuerdos de Pedro, la concertina con que Carlos muestra sus habilidades de artista fue comprada hace mas de 15 años, por 1,500 lempiras.
Ahora con la fama que adquirido el grupo se necesita de una concertina de 18 teclas, su precio supera los 3 mil lempiras, cantidad que es difícil de recaudar cuando no se cuenta con los medios ni para subsistir, dijo el jefe del hogar.
La familia está integrada por siete miembros en total, quienes sin importar la edad aman la música.
Willian, de 3 años, es el más pequeño de la familia y se ha aprendido a la perfección la canción del Becerro. El niño, al igual que sus hermanos, anhela algún día portar el traje de charro.
