Honduras
.Aveces son diminutas y hasta pueden pasar desapercibidas, pero ellas resguardan la verdad.
Se trata de las evidencias que se encuentran en la escena de un crimen y es por eso que estos hombres y mujeres especializados se han convertido en los cazadores de la verdad y en reales custodios de las pruebas de convicción.
Estos especialistas forman parte del equipo de Inspecciones Oculares de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC) y que está distribuido en las secciones de Planimetría Forense, Fotografía Forense, Almacén y Custodia de Indicios, así como en el área operativa encargada del procesamiento de todas las escenas.
Aunque bajo esta dependencia está la responsabilidad de realizar diligencias en la mayoría de los sitios donde se comete un delito, la presencia de los especialistas es más notoria en las escenas sangrientas, donde puede haber uno y más muertos o en caso de una tentativa de homicidio.
Bajo el mando del inspector de Policía, Omar Matamoros, esta rama de la DNIC agrupa 42 especialistas cuya función es proteger al máximo las áreas donde se produce una muerte y evitar la contaminación de las evidencias para luego llevarlas a los laboratorios de la Dirección de Medicina Forense.
A este personal le corresponde la misión de cuidar las escenas para que los curiosos, los periodistas y hasta los mismos policías, mantengan la distancia y no se paren en casquillos, en huellas de zapatos o dactilares que dejan los autores materiales de un delito.
Una de las maneras que tienen los técnicos para proteger la escena de un crimen es a través del auxilio de una cinta amarilla, con la que tratan de evitar el paso de personas que nada tienen que hacer en la escena del crimen.
En ese espacio únicamente tienen que estar los encargados de los levantamientos como el Médico Forense y sus asistentes, así como el equipo de la DNIC y el fiscal de turno.
Tras ser informados de la comisión de un delito en donde se necesita de su presencia, estos especialistas se movilizan para llegar primero a acordonar el área.
En los primeros tres meses del presente año, el personal del Departamento de Inspecciones Oculares ha trabajado en más de 1,500 escenas, tanto de muertes, como de secuestros, robos y daños, entre otros donde es necesaria la participación de los técnicos.
Conocimientos
El personal que conforma esta sección de la DNIC es sometido constantemente a jornadas de capacitación y supervisión de parte de los altos mandos de la DNIC y por instrucciones de su director, comisionado Francisco Murillo López.
Según el inspector Matamoros, la mayor experiencia se adquiere en el campo, ya que en las aulas los conocimientos son más teóricos.
En las últimas semanas se ha vuelto común observar a grupos de aspirantes a policías de investigación en las escenas del crimen como parte del entrenamiento que reciben los futuros técnicos de Inspecciones Oculares.
Matamoros confirmó que recientemente se prepararon 40 nuevos elementos, quienes recibieron capacitación durante dos meses y en los próximos días serán distribuidos entre las jefaturas regionales a nivel nacional.
El apoyo más notable lo recibirá San Pedro Sula.
Según el oficial, la formación de un técnico inicia desde el preciso momento que empieza a laborar, porque “sabemos que la preparación básica de una persona la recibe en las aulas, pero todo lo demás lo va aprendiendo en la calle”.
En torno a la actividad que ejecutan los técnicos, el oficial dijo que consiste en un apoyo importante que sirve para el esclarecimiento de los delitos.
Prosiguió diciendo que el objetivo de las requisas es obtener los indicios que conduzcan a los investigadores a identificar a los responsables de un crimen, el tipo de arma que se utilizó y llegar a los móviles.
Custodia de las evidencias
Según el oficial Matamoros, la protección de los indicios es prioridad. Ninguna escena puede ser procesada sin guantes y tras el levantamiento se colocan individualmente en bolsas especiales (algunas de papel y otras de plástico).
Al regresar a la oficina, los técnicos guardan las evidencias en un almacén que tienen en DNIC y al cumplir el tiempo prudencial las envían a los laboratorios de Medicina Forense y de Balística para los respectivos análisis.
“No se debe esperar mucho tiempo para trasladarlos (los indicios) a los laboratorios, porque igual, pueden sufrir una contaminación por el ambiente”, explicó Matamoros.
Agregó que la mayor parte de casos esclarecidos ha sido gracias a las evidencias, porque el nuevo Código Procesal Penal manda a que los delitos sean resueltos mediante los indicios recolectados en las escenas, no como sucedía anteriormente, que era en base solo a las declaraciones testificales.
El área de almacén, agregó, es la que custodia los indicios que nosotros traemos hasta la oficina; nos sirve como un filtro antes de enviarlos al laboratorio porque se verifica que todo esté correcto, tanto el embalado como las hojas de cadena de custodia, se ve que estén bien elaboradas.
Equipo
Durante mucho tiempo, el personal de la Sección de Inspecciones Oculares realizó su trabajo con carencia de algunos de los implementos necesarios.
Sin embargo, hace pocas semanas la dependencia fue dotada de equipo consistente en lámparas flourescentes, detectores de metales para la búsqueda de evidencias, material para embalaje y cámaras fotográficas de mejor calidad, entre otros.
En el momento del levantamiento de un cadáver o de la inspección de una zona donde se cometió un delito todo constituye un indicio para nosotros, comentó.
