Honduras
.El ex presidente Ricardo Maduro considera que es un "grave error" de parte del gobierno de Honduras unirse a la denominada Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba).
En forma tajante y sin ambajes, Maduro piensa que la adhesión al Alba es "una declaratoria de guerra a miles de compatriotas que residen en Estados Unidos y que envían remesas para sostener nuestra economía".
Maduro sostiene que "es la peor estrategia" que en materia de política internacional haría un país pobre como Honduras. "Sería como morderle la mano al amigo que nos da de comer", dijo refiriéndose a que en la actualidad hay un millón de inmigrantes hondureños viviendo en Estados Unidos, que envían remesas a Honduras para sostener la economía.
¿Por qué asegura usted que no conviene a Honduras suscribirse al Alba?
En mi opinión no conviene por varias razones: el Alba es una declaración de principios antinorteamericana. Es morder la mano al que nos da de comer. En Estados Unidos estimamos que hay un millón de hondureños, de los cuales 600,000 envían remesas mensuales a nuestro país. En el año, estas remesas oscilan entre 2,500 a 3,000 millones de dólares .
La condonación de la deuda externa, 60% en mi gobierno y un 20% en el gobierno de Zelaya, la logramos con el apoyo de Estados Unidos de América, que es el socio más importante de las instituciones que nos condonaron la deuda.
Ahora le estamos diciendo que vamos a firmar una declaración de principios que es antiestadounidense.
Esto me parece a mí que es un mal agradecimiento, una pésima estrategia que pone en precario la estabilidad de un millón de hondureños que viven en Estados Unidos, y de ese millón unos 90 mil están bajo el Estatus de Protección Temporal y, si el gobierno de ese país decide deportarlos en represalia, estaríamos perdiendo unos 400 millones de dólares.
O sea que me parece que estamos a punto de asumir un riesgo demasiado grande.
En lo político, ¿conviene a un país como Honduras formar parte del Alba?
Definitivamente no. El Alba es una declaración de principios en contra de la globalización, en contra de la iniciativa privada, es una declaración de principios de un grupo de países que no son precisamente un ejemplo de éxito económico, ni siquiera de equidad, y que más bien en algunos casos son países que han restringido las libertades.
¿Está siendo sincero el presidente Zelaya con el pueblo hondureño?
No le está diciendo la verdad. Yo creo que está equivocado. Siento que él es una persona de convicción que quiere cambiar de dirección el Estado, pero creo que está cometiendo un grave error y no ha analizado todas las implicaciones de esto que está haciendo.
Creo que el presidente Zelaya debió haberse percatado de que Honduras tiene un modelo democrático y político, debió analizar qué es lo que nos conviene y quiénes son nuestros amigos de largo plazo, y Estados Unidos ha sido un amigo tradicional para nosotros.
Que no se olvide Zelaya de que el ingreso principal de divisas que Honduras recibe es de compatriotas que residen en Estados Unidos y con esta declaración que él va a firmar el lunes de la próxima semana les va a declarar la guerra y eso me parece un gravísimo error.
Funcionarios del gobierno consideran que el país puede congeniar con el Alca y con la Alba. ¿Es esto correcto?
Es incorrecto porque un sistema es lo contrario del otro. Me parece que se ha tergiversado la información. Se ha dicho que el Alba es la única solución a la pobreza, lo cual no es cierto.
Han contrastado al Alba con el sistema que los hondureños hemos pregonado y vivido en la vida política de los partidos por más de cien años, tratando de convencernos de que se trata de un esquema para reducir la pobreza. La pregunta entonces debería de ser: ¿estamos dispuestos a reducir las libertades por una promesa de reducción de la pobreza que -incluso- no se ha producido? Yo creo que la respuesta es no.
Todos los partidos de Honduras tenemos en nuestros estatutos y declaración de principios la reducción de pobreza y mayor equidad y el problema es que no lo hemos logrado con la rapidez que el pueblo espera, y eso se debe a otro tipo de problemas como que los gobiernos no han sido lo suficientemente efectivos en equidad y en canalizar los recursos con eficiencia y en delegar la producción.
¿Encajaría Honduras en un esquema como el que plantea la Alba?
Esto es un retroceso para el país porque el gobierno lo que está haciendo es reubicando la forma de vida y la cultura del país. El presidente Zelaya ni siquiera ha sido lo suficientemente sincero en divulgar los documentos referidos al Alba.
¿Cuál es su criterio en relación con que este tipo de declaraciones no necesariamente tienen que ser aprobadas por el Congreso?
Está la parte legal. No puedo opinar en ese sentido porque yo, igual que la mayoría de los hondureños, desconozco en detalle el documento para poder decir es un tratado o no y si debe ir o no al Congreso.
He escuchado al presidente del Congreso, Roberto Micheletti, pronunciarse en contra del Alba y yo estoy de acuerdo con él. Me parece que la opinión de Micheletti refleja la opinión mayoritaria del Congreso.
¿Cree que el nuevo gobierno que surja en 2009 deberá replantear la política exterior del país?
Creo que sí porque el Alba es un replanteamiento total de principios, o sea que estamos diciéndole a nuestros amigos tradicionales, como Estados Unidos, al Fondo Monetario Internacional y a los demás organismos financieros internacionales, que no estamos de acuerdo con ellos.
¿Qué sigue tras la firma de la Alba?
Que el modelo fracase, porque no es la idiosincrasia del pueblo. Puede suceder que el presidente lo ponga a funcionar en contra de los intereses del país y produzca resultados negativos que provoquen una rectificación, o simplemente sufrimos las consecuencias y el nuevo gobierno tendrá que revocarlo.